El blog de Nava_SenSei
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El mensaje de Arecibo y la “respuesta” de Chilbolt

El 16 de noviembre de 1974, a la 1:00 ATS (tiempo estándar
del Atlántico) un gemido ininteligible emergió de un enorme tazón de 305 metros de diámetro adherido al suelo (en un valle ubicado en la zona norte de la isla de Puerto Rico) y, lanzándose a la velocidad de la luz, se sumergió en el infinito. Durante los 2 minutos y 49 segundos que duró la inusitada vibración, nuestro planeta se convirtió en uno de los cuerpos celestes más “brillantes” de la Vía Láctea. En una longitud de onda comparable, el haz de energía emitido desde la pequeña isla caribeña era un millón de veces más potente que la luz del Sol. A medida que el apagado sonido de la transmisión iba disminuyendo lentamente, los ojos de la mayor parte de las 200 personas reunidas en el lugar, testigos del histórico acontecimiento, se llenaron de lágrimas. Otras suspiraban profundamente, sin acertar a articular palabra alguna. No era para menos: el primer “aullido” de nuestra civilización se abría camino ya entre las desoladas vastedades del espacio sideral, reclamando la compañía y el contacto de otros posibles congéneres cósmicos.

Los radiotelescopios

En las primeras décadas del pasado siglo, los notables avances en el campo de la radio llevaron al descubrimiento, casi accidental, de las ondas hertzianas emitidas de una forma natural y constante por muchos cuerpos celestes. A partir de entonces, la humanidad no sólo pudo ver sino también “oír” a las estrellas, planetas, galaxias y nebulosas, lográndose, en consecuencia, un conocimiento más integral del universo y su naturaleza. Las frecuencias de ondas invisibles a los tradicionales telescopios ópticos, lograron ser captadas entonces por los llamados radiotelescopios, enormes antenas parabólicas que comenzaron a construirse entonces por todos los
rincones del planeta.

En el cráter apagado de un antiguo volcán, ubicado cerca de la provincia de Arecibo, al norte de Puerto Rico, los científicos norteamericanos hallaron el sitio ideal para construir el radiotelescopio más grande del planeta. Libre de molestas interferencias, el radiotelescopio de Arecibo se convirtió en una valiosa herramienta para el estudio a fondo de los cuásars y los púlsars, inexplicables y lejanos cuerpos celestes descubiertos en la década de los sesenta precisamente con esta nueva generación de artefactos astronómicos.

Así, por años, los radiotelescopios cumplieron con su única e importante función de “orejas” gigantes que, atentas, captaban día y noche la multitud de sonidos provenientes de la infinita algarabía cósmica.

El mensaje

En el año 1974, el Centro Nacional de Astronomía y de la Ionósfera de la Universidad de Cornell (Nueva York) instaló una nueva superficie reflectora y un nuevo transmisor con una potencia aproximada de medio millón de wattios, en el descomunal radiotelescopio de Arecibo. Una señal lanzada por este transmisor sería lo suficientemente fuerte como para ser fácilmente captada por algún radiotelescopio no más sensible que alguno de los nuestros, ubicado a muchos miles de años-luz de distancia, en nuestra galaxia o fuera de ella.

Los científicos que laboraban en el complejo astronómico de la gran antena parabólica decidieron celebrar una “ceremonia de dedicación” al remozado telescopio y decidieron que una manera impresionante de hacerlo sería lanzando al infinito el primer mensaje interestelar televisivo de nuestra civilización a otra posible civilización estelar (*).

El profesor Carl Sagan de la Universidad de Cornell, fue el astrónomo que se encargó de elaborar el mensaje, recurriendo para ello a la ayuda y la asesoría de sus colegas y científicos de otras especialidades afines.

Utilizando el sistema binario, se dispuso que el mensaje fuera transmitido en un formato de imagen de televisión en blanco y negro. Para formar el gráfico, el doctor Sagan utilizó 1.679 caracteres o bits de información enviados en forma de dos tonos (1.679 es el producto de los números
primos 73 x 23, lo que sugiere ordenar los bits en una matriz con estas
dimensiones) a una velocidad de 10 por segundo. La frecuencia de radio básica escogida fue la de 2.380 megahertz. La escogencia del formato en número primos tenía como propósito indicar a los ignotos receptores del mensaje el origen evidentemente artificial de la señal, dado que las señales de radio naturales emitidas por los cuásars, los púlsars y otros cuerpos celestes no se presentan en esa forma tan determinante y planificada.

El gráfico trata de explicar a los ignotos receptores del mismo, por medio de los dibujos esquemáticos y cifras codificadas en el sistema binario, la naturaleza química y biológica del ser humano, su estatura, morfología y población total; el sistema planetario que habita y la forma del aparato que utilizó para transmitir el mensaje. Aparecen representados en la imagen la doble hélice del “espinazo” del ADN y los números atómicos del hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno y fósforo, elementos químicos de los cuales estamos compuestos.

La transmisión fue dirigida hacia el cúmulo globular de estrellas ubicadas en la constelación de Hércules, llamado Messier 13, el cual dista 25.000 años luz de la Tierra, lejos del plano de nuestra galaxia la Vía Láctea. Viajando a la velocidad de aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo, el primer mensaje televisivo transmitido por nuestra civilización a otras posibles sociedades hermanas que puedan existir entre algunos de los 300.000 soles de Messier 13, tardará 25.000 años en llegar a su destino, tocando durante su trayecto a unas 30 estrellas más.

¿Llegó ya una respuesta a la señal de Arecibo?

El 19 de agosto del 2001 o sea, casi 27 años después, apareció la imagen de Arecibo reproducida sobre un campo de trigo ubicado cerca del observatorio de radar de Chilbolton, en Wherwell, Hamspire, Inglaterra, en
una de las manifestaciones de Crop Circle más impresionantes de los últimos
tiempos. La imagen de Chilbolton reproduce, con asombrosa fidelidad, la matriz cuadriculada en números primos de 73 x 23 caracteres de Arecibo, con algunas variantes:

  • La figura humana del mensaje terrestre aparece cambiada en este agroglifo por la figura de un ser macrocéfalo de aspecto típicamente
    humanoide.
  • La “doble hélice” del ADN original, fue cambiada por una de “triple hélice” en su costado derecho, en el Crop Circle de Chilbolton, sugiriendo un “hibridaje” entre los seres autores de este peculiar “acuse de recibo” y la humanidad terrestre.
  • Nuestro sistema planetario, codificado en la señal de Arecibo con un sol central, cuatro planetas pequeños interiores y 4 gigantes exteriores, más el pequeño Plutón ubicado en las afueras del sistema (y en el cual la Tierra aparece ligeramente levantada con respecto al plano de la eclíptica para indicar que en él habitan los seres autores del mensaje), en la “respuesta” de Chilbolton figura un sistema planetario conformado, además del imprescindible sol central, por 4 planetas pequeños interiores (más una extraña conformación de 4 objetos en forma de cruz), dos gigantes exteriores y dos pequeños ubicados en las fronteras de este desconocido
    sistema planetario.
  • Siguiendo el parámetro del mensaje terrestre, en la imagen de Chilbolton dos de los planetas – el tercero y el cuarto – aparecen fuera del plano de la eclíptica, indicando que en estos dos mundos habitan los seres autores del “acuse de recibo” de Chilbolton.
  • Finalmente, en la parte de abajo del gráfico (y al igual que en el mensaje enviado por los científicos de la Tierra) se aprecia la figura de la antena utilizada para la transmisión del mensaje. En la imagen de Chilbolton esta antena tiene forma de una curiosa flor con varios pétalos de 9 metros de diámetro.
  • El gráfico “arecibiano” de Chilbolton había sido precedido, una semana antes (el 13 de agosto del 2001), por la imagen de un rostro humanoide de gruesos labios, conformado por una trama de puntos de diferentes tamaños, similar a la trama utilizada por los sistemas de impresión convencionales para reproducir fotografías e imágenes de tonos medios.

    La comunidad científica mundial ha guardado un apabullante silencio en torno al suceso de Chilbolton, en tanto que los estudios científicos realizados in situ por los investigadores independientes – Collin Andrews entre ellos – en estas dos imágenes, descartan toda posibilidad de fraude en la elaboración de las mismas (además de que la complejidad de las mismas y el corto tiempo en que aparecieron descarta por sí misma esa posibilidad).

    (*) Esta sería la primera de una serie de 3 mensajes que serían lanzados al cosmos en la década de los 70, dirigidos a inteligencias foráneas. Los mensajes interestelares subsiguientes fueron las placas instaladas a bordo de las sondas Pioneers 10 y 11 y los video discos a bordo de las sondas Voyager 1 y 2.

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